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Padres políticos

mejorongarato Política Escribir un comentario

En este espacio, aprovechando el día, quiero rendir homenaje a dos padres políticos míos. Uno ya nos dejó, el otro, afortunadamente es mi padre.

De Raúl Alfonsín aprendí que debemos seguir ideales, no hombres. Los hombres pasan, las ideas quedan, y se transforman en antorchas que mantienen viva a la política democrática.

También decía Raúl que en medio del fragor de la batalla hay que mirar alto, hacia arriba, a la bandera, y no a quien sostiene el mástil. Si este cae, otro deberá sostener el mástil para que la bandera siga flameando.

Mi padre, Ubaldo Ongarato, me enseñó a mí y a varios amigos de la política, una forma de pensar y comportarse que nos marcó a todos.
Me enseñó a trabajar, a exigirme lo más que pueda para lograr el mejor resultado.
Me enseñó que gobernar es caminar todas las calles de la ciudad, desde el centro hasta el último pasaje de un barrio.

Me enseñó a escuchar a la gente, pero a decidir por mí mismo.
Me enseñó a diferenciar entre el oportunista que te aconseja o te aplaude porque quiere un puesto, del que quiere trabajar por el bien de la gente, sin pretensiones personales más allá de lograr el bien común.

Me enseñó a honrar, escuchar y respetar a los mayores y a los que tienen más experiencia que yo.
Me enseñó a predicar con el ejemplo, porque eso marca a los jóvenes que me van a suceder a futuro.

También me enseñó a mí, y a muchos más, que los fondos públicos son del pueblo y no de los funcionarios.
Que todos somos iguales ante la ley.
Me enseñó que las autoridades públicas y partidarias, aunque no me gusten, deben ser respetadas.

Me enseñó que para cambiar la realidad el camino más efectivo, pero más difícil, es involucrarse activamente. Siempre me aconsejó que la simple crítica desde la vereda de enfrente solo hace daño y no aporta nada bueno.

Por todas estas enseñanzas, y muchas más que nos dio durante toda su vida política, va mi mayor agradecimiento a estos dos padres de la política en este día.

 

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